En el corazón del barrio, los vecinos habían montado un Repair Café, un lugar donde la gente podía llevar sus objetos averiados para que fueran reparados en lugar de tirarlos. Se respiraba un aire de cooperación y solidaridad en cada rincón, con herramientas, cables y piezas sueltas esparcidas por las mesas. Un sábado, entre el bullicio de vecinos ocupados en arreglos y ñapas, apareció alguien especial: Mafalda.
Llevaba en sus manos una tostadora con la carcasa suelta y un gesto decidido. «¡Cómo es posible que algo tan simple como una tostadora deje de funcionar a las primeras de cambio!» exclamó al entrar. Los vecinos la miraron sorprendidos, pero enseguida reconocieron a la pequeña con opiniones firmes y principios inquebrantables.